
Cunando la Biblia dice: No juzgues y no serás juzgado. La mayoría de los que leemos este texto no entendemos que NO debemos juzgar. Lo seguimos haciendo a veces inmisericorde como me paso hasta hace poco.
Hace unos años conocí a una joven con la cual nunca tuve una conversación, pero era muy frecuente verla porque estudiábamos en el mismo liceo. Cuando nos pasábamos cerca nos saludábamos solo con una sonrisa. Terminamos el bachillerato y desaparecimos. Pasaron unos años y la volví a ver en una fila en el cine; nos saludamos como siempre; ella poco había cambiado. Recientemente la he vuelto a ver con cierta frecuencia, ya que me mude en la misma calle en que ella vive. Pero esta vez esta muy diferente: usa ropa muy apretada, mayormente de color negro, un corte de pelo muy moderno y algo llamativo, tiene un terrible aire de grandeza que me causaba desprecio, de hecho cuando nos cruzamos cerca no me saluda con la sonrisa con lo que antes lo hacia así que ya comencé a juzgarla despiadadamente (imagínate, tengo razón). También decidí ignorarla totalmente y siempre que la veo mi corazón y mi mente se empeñan en condenarla por tan ridículo cambio de forma de ser.
Hoy, mientras estoy en el balcón de mi apartamento, mis ojos no poden creer lo que ven: esta chica viene bajando la calle ha vuelto hacer quien era hace años atrás. Yo estaba atónito por su transformación. Que había hecho que esta joven cambiara tan drásticamente? Ni su ropa ni
su pelo ni su aire son igual a la joven que repudiaba. Pero esperen, lo que estoy mirando ahora es aun mas extraño: al otro extremo de la calle viene ella con el mismo aire, ropa y corte de pelo que yo no apruebo, es increíble pero ahora me doy cuenta que no se trataba de la misma persona. Al encontrarse se abrazan con tanto cariño. En realidad se trata de hermanas gemelas que se encuentran talvez después de unos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario